Corrupción, el talón de Aquiles de AMLO

in Columnas

Columna de Luis Ángel Jácome

La trunca declaración 3 de 3 que acaba de hacer AMLO (nadie le cree eso de los 50 mil pesos) es apenas un acercamiento a su opacidad. Para encontrar el verdadero riesgo hay que ver los datos de corrupción en su periodo como jefe de Gobierno de 2000 a 2006.

Hoy Andrés propone acabar con la corrupción, pero cuando tuvo la posibilidad de transformar el Gobierno de la capital de la República, para dotarlo de mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, no lo hizo, ni siquiera estuvo cerca.

En lugar de ello mantuvo una estructura administrativa vertical y opaca al estilo del viejo siglo (conservador al fin), evitó las prácticas de buen Gobierno y Gobierno abierto, cuyo auge comenzaba con el nuevo siglo.

Así, con Andrés, el Distrito Federal se dio a conocer como el estado más corrupto del país. De acuerdo con Transparencia Mexicana (INCBG, 2005-06), organización de la sociedad civil dedicada al combate de la corrupción, la capital obtuvo los peores resultados en el índice de corrupción y buen Gobierno durante el sexenio de López Obrador.

 

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La gráfica elaborada con información de dicha organización nos muestra una comparación entre Querétaro, Veracruz, Estado de México y Distrito Federal. Estados seleccionados estratégicamente por su posición en la tabla nacional de transparencia de aquellos años y por las características de su contexto político.

Querétaro pasó de la posición 24 en 2001 al primer lugar en 2006, convirtiéndose en el puntero que demostró que sí es posible reducir la corrupción. En el caso de Veracruz, la corrupción se mantuvo igual durante los primeros tres años y aumentó en 2005 solo tres puntos; por su parte el Estado de México disminuyó los niveles de corrupción hacia 2003 y se mantuvo similar hacia 2005.

Sin embargo, en el caso del Distrito Federal observamos que si bien hubo una disminución en 2003, dos años después la corrupción se catapultó de nuevo a niveles de casi 20 puntos en el índice, seguido muy de lejos por el Estado de México (13.3).

Para cuando Andrés dejó la Jefatura de Gobierno, el Distrito Federal era más corrupto que a la mitad de su sexenio y doblemente corrupto en comparación con el promedio nacional que era de 10.1.

El aumento de la corrupción de la capital en 2005, curiosamente, coincide con el inicio de las campañas presidenciales hacia 2006, donde Andrés Manuel competiría contra Felipe Calderón por llegar a los pinos.

Este breve estudio demuestra que Andrés no sólo no pudo combatir la corrupción, sino que además la fomentó al no impulsar una reforma administrativa del Gobierno de la ciudad que permitiera la limpieza en las estructuras centrales y delegacionales.

 

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Foto: Germán Canseco. Tomada de proceso.com

 

Durante el sexenio del ahora presidente de MORENA, no hubo agilización y claridad en los trámites burocráticos de la Ciudad: obtener agua de la pipa, sacar una licencia o permiso de uso de suelo, instalar un negocio o abrir un establecimiento son procesos que se convirtieron en un martirio para los capitalinos.

La honestidad valiente es demagogia. Como jefe de Gobierno, Andrés no fomentó la cultura de la transparencia, de la claridad, de lo honrado, de la rectitud: no fomentó la honestidad. Por el contrario, la opacidad, la obesidad burocrática, el caos, fueron el sello de su Gobierno.

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